Porque ya con 3 años era libre de la mañana a la noche.
Porque me gustaba y podía estar sola cuando quisiera para pensar.
Porque podía jugar con Pepa, con Jacinto y con mis bichos todo el día.
Porque el horizonte estaba a todo mi alrededor y al otro lado había un mundo imaginario que un día iba a descubrir.
Porque tumbada sola entre el trigo verde, escuchaba el aire, el zumbar de los insectos, el movimiento de lagartos y culebras y veía formas fabulosas en las nubes.
Porque tenía una navaja de cachas verdes que con 5 años sabía lanzar, que diese dos vueltas en el aire y se clavara en aquel tronco de la leñera.
Porque con 3 años quise aprender a leer y mi padre me enseñó.
Porque mis padres no me apartaban para hablar de "ciertas cosas". Hablaban sin dramatismo, con calma, lo mismo de la falta de dinero que de apariciones fantasmales que de la osa mayor o de la estupenda cosecha.
Porque Dios era un señor con barba que estaba en el cielo y nunca se asomaba. Se le invocaba p
ara la lluvia y para el viento, y él hacía lo que le parecía bien. Y aparte de eso no sabía que sirviera para otra cosa ni que nos exigiera o nos prohibiera nada.
Porque tenía cubiertas mis necesidades materiales indispensables: agua, comida, dos vestidos para el verano y dos para el invierno, que me hacía mi madre.
Porque podía jugar con Pepa, con Jacinto y con mis bichos todo el día.
Porque el horizonte estaba a todo mi alrededor y al otro lado había un mundo imaginario que un día iba a descubrir.
Porque tumbada sola entre el trigo verde, escuchaba el aire, el zumbar de los insectos, el movimiento de lagartos y culebras y veía formas fabulosas en las nubes.
Porque tenía una navaja de cachas verdes que con 5 años sabía lanzar, que diese dos vueltas en el aire y se clavara en aquel tronco de la leñera.
Porque con 3 años quise aprender a leer y mi padre me enseñó.
Porque mis padres no me apartaban para hablar de "ciertas cosas". Hablaban sin dramatismo, con calma, lo mismo de la falta de dinero que de apariciones fantasmales que de la osa mayor o de la estupenda cosecha.
Porque Dios era un señor con barba que estaba en el cielo y nunca se asomaba. Se le invocaba p
ara la lluvia y para el viento, y él hacía lo que le parecía bien. Y aparte de eso no sabía que sirviera para otra cosa ni que nos exigiera o nos prohibiera nada.Porque tenía cubiertas mis necesidades materiales indispensables: agua, comida, dos vestidos para el verano y dos para el invierno, que me hacía mi madre.
Porque me compraron una caja de lápices Alpino y podía dibujar flores de colores.
Porque los ojos de los animales reflejaban bondad.
Porque los Reyes Magos me dejaban en los zapatos dos o tres caramelos envueltos en celofán de colores.
Porque mis padres me querían.
Porque tenía un paraguas amarillo y un triciclo con sillín de madera pintada de verde con flores.
Porque la hierba por las mañanas estaba llena de rocío, que brillaba con el sol y yo la podía tocar con mis manos.
Porque mi padre me sentaba en sus rodillas cuando volvía del campo y me cantaba la canción de la cordera blanca que yo tenía... Yo mientras tanto miraba sus manos llenas de callos y les daba besos.
Porque las manos de mi padre olían a viento.
Porque mi padre se inventaba mil cuentos para contarme, como el del gigante "Rancancinas".
Porque no tenía miedo.
Porque los ojos de los animales reflejaban bondad.
Porque los Reyes Magos me dejaban en los zapatos dos o tres caramelos envueltos en celofán de colores.
Porque mis padres me querían.
Porque tenía un paraguas amarillo y un triciclo con sillín de madera pintada de verde con flores.
Porque la hierba por las mañanas estaba llena de rocío, que brillaba con el sol y yo la podía tocar con mis manos.
Porque mi padre me sentaba en sus rodillas cuando volvía del campo y me cantaba la canción de la cordera blanca que yo tenía... Yo mientras tanto miraba sus manos llenas de callos y les daba besos.
Porque las manos de mi padre olían a viento.
Porque mi padre se inventaba mil cuentos para contarme, como el del gigante "Rancancinas".
Porque no tenía miedo.







